Obra maestra. En la historia de la literatura universal, León Tolstói y su gran obra Guerra y paz deben de ocupar un lugar privilegiado. No debe de asustarnos su voluminosidad -casi mil ochocientas páginas en esta edición-; tampoco nos debe desanimar el inicio, un poco espeso, que sirve como presentación de algunos de los protagonistas y llegamos a saturarnos de condes, príncipes y otros nobles rusos de principios del siglo XIX. Como corresponde a una obra grande en todo, lo es también por el número de personajes que aparecen en ella. No me he entretenido en contarlos, pero por algún sitio he leido que son más de 600. Algunos son reales como Napoleón Bonaparte, el zar Alejandro I o el comandante en jefe del ejército ruso, Mijail Kutúzov. Pero la mayoria son imaginarios como los miembros de las cuatro familias protagonistas de la obra: Bezujov, Bolkonski, Rostov y Kuraguin.

Tolstói dedicó cinco años de trabajo ininterrumpido y exclusivo a escribir Guerra y paz. Consta de quince capítulos, un epílogo en dos partes y un apéndice titulado "Algunas palabras a propósito de Guerra y paz". Éste último fue publicado unos años más tarde, en 1888 en una revista, pero desde entonces ha sido considerado como parte del libro.

Guerra y paz narra las vidas y vicisitudes de los componentes de varias familias aristocráticas rusas -las mencionadas anteriormente- entre 1805 y 1820 -la época de las guerras contra Napoleón y unos años después-.

El libro alterna la descripción de la banal vida de la aristocracia moscovita y peterburguesa -cenas, bailes, partidas de caza- con la vida dura en el frente. Hay precisas descripciones de algunas batallas como Austerlitz y Borodinó.

Frecuentemente, Tolstói intercala reflexiones sobre la guerra, sobre la historia, sobre la condición humana... La obra tiene un marcado carácter antibelicista. Tolstói conoció de primera mano las miserias de la guerra y en Guerra y paz plasmó la idea de lo atroz de enfrentar hombres contra hombres en aras de unas ideas que ni sus propios promotores alcanzan a entender.

Para finalizar, dejo una cita que me parece muy ilustrativa. Se trata de la reseña que del libro se hace en la obra 1001 libros que hay que leer antes de morir de Peter Boxal y José-Carlos Mainer:

Guerra y paz, de Lev Tolstói, es uno de los pocos textos (el Ulises de James Joyce es otro) que demasiado a menudo se leen como una especie de prueba de resistencia o rito de iniaciación, solo para ser abandonados a la mitad o exhibidos como trofeos en las estanterías, y no volver a ser tocados nunca más, pero se trata de una novela que exige estrecha atención y relacturas... En este sentido, la longitud del texto se convierte en una virtud, puesto que hay más lectura.